La OMS define la salud mental como “un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”.
Siendo así, resulta de vital importancia resaltar la necesidad de que cada persona se comprometa con incluir o mejorar prácticas que garanticen el autocuidado de su salud mental, realizando actividades que aumenten su percepción de bienestar y su capacidad para desempeñar un rol positivo en sus diferentes áreas de desarrollo: física, socio-familiar, psicológica (emocional) y espiritual.
Algunos autores exponen como garantes de una buena salud mental, el ejercicio físico y la alimentación saludable, otros exaltan prácticas como la meditación, y también mencionan sobre el impacto positivo de las relaciones saludables con amigos y familiares. Sin embargo lo realmente importante en el adecuado autocuidado de la salud mental, es que cada persona reconozca y haga uso adecuado de todas aquellas actividades que impacten en su BIEN-estar.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud, en países de ingresos bajos y medios, dentro de los cuales Colombia está incluido, la prevalencia de trastornos mentales oscila entre el 76 y 85% de los habitantes, en comparación con países de ingresos altos, en el que este porcentaje varía entre el 35 y 50%. Para el año 2019 aproximadamente mil millones de personas de diferentes edades (14% en la etapa de la adolescencia) fueron afectadas por un trastorno a nivel mental, y durante el primer año de la pandemia ocasionada por el COVID-19, los trastornos de ansiedad y depresión aumentaron un 25%.
En Colombia, según el Observatorio nacional de salud, los trastornos de mayor incidencia entre el 2015 y 2020, y que mayor impacto tienen en la calidad de vida de las personas, son: el trastorno de ansiedad, el trastorno afectivo bipolar y la esquizofrenia. Adicionalmente mencionan que el 40% de las personas perciben los síntomas característicos de cada trastorno antes de los 20 años, y solo 1 de cada 5 de estas personas es diagnosticada a tiempo.
Existen varios síntomas o signos de alarma que favorecen tanto la prevención como un diagnóstico temprano a nivel mental, a lo largo de la vida se puede evidenciar que todas las personas experimentamos algún tipo de alteración emocional especialmente en situaciones que implican una movilización, pérdida o cambio significativo, percibiendo sentimientos de tristeza, deseo de llanto constante, pérdida de motivación actividades cotidianas, agotamiento constante, entre otras, sin embargo es de gran importancia evaluar la constancia de estos mismos, ante una larga durabilidad se presenta mayor riesgo en la salud mental.
Por lo cual, ante situaciones de gran sufrimiento y poca capacidad de afrontamiento, los signos de alarma que evidencian una necesidad de ayuda tanto por la red de apoyo de cada persona como de profesionales expertos, son:
En el momento de estar inmerso en un proceso de afectación en salud mental, es importante garantizar tanto desde el rol de paciente como familiar una adecuada adherencia a los tratamientos médicos y no médicos, por medio de procesos de comunicación en los cuales se garantice la comprensión de las causas, efectos, signos de alarma e impacto del diagnóstico en la vida cotidiana, promoviendo la realización de conductas saludables, que ayuden a disminuir el malestar y favoreciendo la búsqueda oportuna de acompañamiento profesional. De igual manera, garantizar la participación activa del paciente y de esta manera favorecer espacios de expresión y revisión de creencias no adaptativas, expresión de temores y preocupaciones, establecer tareas, esto con el objetivo de promover el compromiso y el autocuidado, al igual que mitigar el malestar emocional reconociendo y validando necesidades que aumenten la sensación de bienestar y la percepción de control.
No obstante, es importante mencionar y dar claridad que el acompañamiento por un equipo de salud mental (psicología y psiquiatría) no necesariamente se adquiere ante una alteración mayor a nivel emocional, pues constantemente nos enfrentamos a retos y adversidades que generan cuestionamientos constantes de nuestra conducta.